Un local de poca superficie, apenas 24 m2, pero con una altura de 4,20 m y dos grandes huecos verticales en fachada, mucha luz pese a estar a norte. Lo vimos claro.
Por economía se decidió hacerlo mediante autoconstrucción.
Se decide eliminar los altilos existentes dejando solamente las viguetas (forjados sin armado, solo bovedilla y mortero) que nos sirven de soporte para un altillo más permeable mediante la disposición de una tramex en el entrevigado, además de soporte para iluminación y clima.
El pavimento se elimina hasta llegar a la solera de hormigón, la cual se pule y se deja como acabado.
Unos bloques de hormigón nos ayudan a disponer los puestos de trabajo siguiendo el orden de las viguetas existentes (y que sirven de refuerzo para alguna vigueta tocada).
Una partida de tablero de contrachapado de eucalipto de una empresa de tablero en Valga que cerraba por jubilación hizo el resto.
Tal vez la oficina de Paul Rudolh en Nueva York nos dio ánimos.
El resultado, agradable, ya estaba allí.